Thimbo Samb

Thimbo Samb. © Paco Ruano

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Thimbo Samb: De llegar a España en cayuco a ser actor. Una inspiradora historia de integración y superación

Por Mireya Cidón (@MNodic), Amnistía Internacional,

Thimbo Samb es actor, youtuber, instagramer y activista. Llegó a España en un cayuco a la edad de 17 años y tuvo que hacer frente a una difícil vida de superación con un único objetivo: hacer realidad su sueño de ser actor.

Ha participado en cortometrajes como Un lugar mejor (2012) y Barcelone ba barsakh (2014), donde fue premiado como mejor actor en el Festival de Cine de Castilla la Mancha. También ha participado en documentales como Makun (No llores)–Dibujos en un C.I.E (2019), que ganó el concurso Amnistía Internacional Abycine y fue nominado al mejor cortometraje documental en los Goya 2020. También se le puede ver en La puerta azul (2013) o en El silencio del pantano (2020), Perdida y en proyectos como Black Beach (2020) o en la serie Antidisturbios. Actualmente se encuentra rodando el thriller Fuerza de Paz, de TVE. Y eso no es todo. Sus perfiles sociales suman miles de seguidores también. 

Su historia es un ejemplo de integración y, sobre todo, de superación. 

Thimbo Samb

Thimbo Samb durante la entrevista. © Paco Ruano

Empecemos por el principio. ¿Quién eres y de dónde eres?

En realidad me llamo Thiambou, no Thimbo, y soy de Senegal. En mi país empecé a trabajar a los 11 años. Era pescador y también hacía mis pinitos como actor. Mi madre era actriz y mi abuela, cantante del pueblo, por lo que crecí en una familia de artistas.

Desde que empecé a trabajar comencé a ver la manera en que otros países saqueaban nuestros recursos. Los pescadores mayores se enfadaban al ver cómo los barcos de países occidentales y asiáticos llegaban y se llevaban nuestros peces. Se aprovechaban de la regulación abusiva de las aguas del África Occidental. Cada vez había menos pesca y yo era joven. Pensaba que llegaría un día en que nos quedaríamos sin peces, sin comida. Me indignaba ver cómo los gobiernos occidentales, en connivencia con los de mi país, nos quitaban el pan y nos obligaban a permanecer impasibles, sumisos y sin protestar.

¿Entonces decidiste venir a España?

A cualquiera de nosotros nos encantaría vivir en paz en nuestros países. Poder trabajar y ser felices al lado de nuestros familiares. No venimos por gusto. Sabemos que podemos morir en el viaje y que nuestras vidas pueden truncarse. De hecho, tres días antes de emprender mi cuarto intento un amigo mío acababa de morir. Pero aún así me embarqué. 

Cuando decidí salir de Senegal, mi único objetivo era llegar a España. No tenía otro destino en la cabeza, ni otro país. 

En mi último intento tardé nueve días en llegar a Tenerife. Una vez que lo logré, lo primero que me preguntaron fue el nombre y les dije: “Me llamo Thiambou”. Ellos escribieron “Thimbo”. Y se lo repetí. “Me llamo Thiambou”, les dije. Pero no lo cambiaron.

¿Les dio igual?

Sí. Les dio exactamente igual. Esa fue la primera muestra de que les importaba un carajo. Les da igual cómo nos llamemos y cómo nos pueda afectar ese cambio. Por culpa de ese error, por ejemplo, tardé nueve años en conseguir mis papeles. 

Yo llevaba tres años en España cuando al intentar legalizar mi situación les dije que mi verdadero nombre era, en realidad, el que tengo en mi pasaporte y no Thimbo. Me cogieron el pasaporte, lo miraron con desdén, y simplemente me dijeron que era falso. Acto seguido me metieron en el calabozo y emitieron una orden de expulsión.

Thimbo Samb

Thimbo Samb. © Paco Ruano

¿Cuando llegaste a España te trataron como a un menor?

Cuando llegué les dije que tenía 17 años y que era menor, pero no me creyeron. No llevaba documentación encima que lo acreditara y dieron por hecho que mentía. Después se demostró con mi pasaporte, pero en ese momento, primó su palabra contra la mía. 

Lo primero que hicieron fue meterme en un centro de internamiento para extranjeros durante 18 días y de ahí me trasladaron a Madrid. Como tenía un primo en Sagunto, me mandaron a esa ciudad, pero no había trabajo y acabé en Valencia. Estuve 3 meses durmiendo en la calle, buscando comida en la basura y sobreviviendo. Solo tenía 17 años y era todavía un “niño”. Fue una experiencia que me marcó y me convirtió en la persona que soy ahora, por lo que es un orgullo para mí poder contarlo y decir que también se sale de los momentos de mayor adversidad. 

Tu “salvación” llegó de la mano de un grupo de teatro oprimido. 

En CEAR tenían un grupo de teatro oprimido y ahí es cuando empecé a hacer teatro. Fue una casualidad, pero yo quería ser actor y aproveché la oportunidad que me brindaron. Uno de los profesores tenía una fundación y me dijo “chaval, tú tienes talento”. Y me ofreció la posibilidad de ir a sus clases de teatro a cambio de repartir flyers. Me explicó lo difícil que iba a ser, pero yo le respondí: “No importa. Lo voy a lograr”. 

¿Y fue difícil?

No fue un camino fácil porque mis peores miedos se fueron haciendo realidad. Por ejemplo, tuve miedo de que me metieran en la cárcel y lo hicieron. Tuve miedo de vivir en la calle y lo hice. Tuve miedo de que me timaran en el trabajo y me timaron. Tuve miedo de ir a un casting y que me dijeran “no te queremos porque buscamos personas blancas”, y me lo dijeron. De ahí aprendí que tener miedo es humano, pero uno debe enfrentarse a él. 

Echando la vista atrás, ¿qué fue lo más difícil que recuerdas?

Lo más difícil fue hablar y contar mi historia porque encerré el dolor dentro de mí. Necesité muchos años y ayuda profesional para sacarlo fuera. Me ayudaron las personas que atienden el teléfono de la esperanza en Valencia. Con ellos aprendí que hablar de mí era importante y lo empecé hacer como terapia.

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Thimbo Samb. © Paco Ruano

¿Qué opinión te merecen los centros de internamiento? 

Pienso que no deberían existir. Después de ver la película de Ana Frank me di cuenta de que estuve en un centro de concentración, pero más moderno. Los CIE son cárceles ilegales y racistas donde encierran a personas que no han hecho nada malo vulnerando sus derechos humanos. 

¿Te enfadas cuando oyes que se van a producir devoluciones en caliente? 

Te vas a sorprender, pero a veces pienso que puede que esa devolución sea lo mejor que les puede pasar. ¿Qué se van a encontrar aquí? Desempleo, racismo, odio… Los derechos humanos existen para algunas personas, pero no para nosotros. Y por nosotros no hablo solo de las personas negras, hablo de las personas pobres. 

Expulsar a menores deja en muy mal lugar a España y también a Europa. Ellos son los primeros que no cumplen las reglas, pero nos piden a los demás que lo hagamos. Y nos lo piden, además, con soberbia y caradura. ¿Quieren frenar la inmigración? Es fácil. Que nos dejen en paz. Que nos dejen 20 años sin intromisión, sin robarnos nuestros recursos, sin actuar en connivencia con nuestros gobiernos. Y sino avanzamos que vengan otra vez a salvarnos, pero que nos dejen intentarlo.

¿Qué alimenta el racismo?

Yo me di cuenta de que era diferente cuando llegué a España. Antes no era consciente del color de mi piel. Aquí me lo han recordado constantemente. 

El racismo existe por miedo a lo desconocido y a lo diferente. Se rechaza a las minorías: a las personas por su color, su orientación sexual, su religión… Todo lo diferente o distinto genera miedo y rechazo. Nadie ha nacido siendo racista, pero hay mucha gente que alimenta los bulos que otros creen sin cuestionarse nada. Hay que aprender valores. 

Thimbo Samb

Thimbo Samb. © Paco Ruano

¿Qué ayudaría a tender puentes?

Ayudaría que nos escuchasen y que nos dejasen contar nuestras historias. Queremos contarlas para que la gente sepa cómo somos y que nos pierdan el miedo. Mi historia es mi valor y la cuento por si puedo ayudar a otras personas que estén pasando por lo que yo pasé. 

También ayudaría que, a la hora de hablar de inmigración, se hablara de las raíces del problema, las causas que provocan todo, y no exclusivamente de las consecuencias.

Y sería de ayuda comprender que nuestra cultura también es rica y tenemos cosas que aportar. Estamos dispuestos a integrarnos pero también nos gustaría compartir todo lo bueno que podemos dar. 

Has pasado de vivir en la calle a que te paren en ella a pedir autógrafos. Ahora que eres actor y bastante conocido en redes sociales, ¿desapareció el racismo? 

Estoy trabajando y consolidando mi carrera como actor. Es una profesión difícil. Y también me gusta utilizar las redes sociales para mi activismo. Es una manera de llegar a mucha gente y concienciar. Es cierto que ahora me paran niños de 12 años blancos y me gritan: "Thimbo, Thimbo, te amo". Esos niños no ven a un inmigrante negro. Ven a un actor.

Tengo entendido que ya tienes escrito tu discurso para los Goya… 

(Risas) Voy a matizar eso. Digamos que me gusta escribir para motivarme y hace unos años escribí un discurso para los Goya en ese sentido. Es cierto que en él escribí que los migrantes no venimos aquí por gusto y que tenemos derecho a seguir nuestros sueños y a luchar por una vida digna. 

Pero creciendo y madurando me he dado cuenta de que la felicidad no está en ganar un Goya. Yo lo que quiero es regresar a mi país, comprar muchos terrenos y construir un centro sociocultural para que la gente de mi pueblo pueda aprender, estudiar o montar su propio proyecto personal.

Thimbo Samb

Thimbo Samb. © Paco Ruano

¿Qué opinas de organizaciones como Amnistía Internacional? 

Opino que estáis haciendo un gran trabajo. Os conozco desde hace mucho tiempo y sé la labor tan impresionante que hacéis. Debéis seguir en esa línea. Mi único consejo es que tengáis expertos negros, si no los tenéis ya. Y animo a todo el mundo a firmar la ciberacción que tenéis abierta para acabar con las devoluciones en caliente. Cuantas más personas seamos, más presión podremos hacer para lograrlo. 

¿En qué clase de mundo te gustaría llegar a vivir?

En un mundo justo. En un mundo con amor hacia uno mismo y hacia los demás. En un mundo donde no se discrimine a nadie por el color de su piel. Un mundo, en definitiva, donde primen el respeto y la humanidad.