Cartel con el texto ‘Equal rights’ en rojo y negro ©Rodnae Productions

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Blog

Universalizar los derechos humanos

Nils Muižnieks, director de la Oficina Regional para Europa de Amnistía Internacional,
Presentación en la Sesión de Formación de Formadores y Formadoras en Educación en Derechos Humanos organizada por el Consejo de Europa y las Naciones Unidas en el Centro Europeo de la Juventud, Budapest, Hungría, 23 de agosto de 2021

La Educación en Derechos Humanos es algo a lo que siempre vuelvo en mi trayectoria profesional. Cuando me adentré en el mundo de los derechos humanos hace 27 años, mis compañeros y compañeras y yo queríamos sentir y comprender los valores que tratábamos de promover, por lo que organizamos actividades prácticas de derechos humanos para nosotros y nosotras y para el profesorado a partir del ABC de los derechos humanos de las Naciones Unidas [1] y de los materiales del Consejo de Europa [2]. Ahora, al trabajar para Amnistía Internacional, la Educación en Derechos Humanos es parte integrante de nuestro trabajo temático y sobre países y una herramienta importante para llegar a la juventud, aumentar la afiliación y complementar nuestras investigaciones y campañas.

La versión tradicional de la historia de los derechos humanos es más o menos como sigue: los derechos humanos nacieron de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial para evitar la guerra, el genocidio y la dictadura. Desgraciadamente, para muchas personas esta versión carece de sentido, ya que la Segunda Guerra Mundial se considera una historia muy lejana en el pasado, algo poco relevante para las preocupaciones contemporáneas. En muchos países, especialmente en Europa, la gente ya no teme a la guerra, al genocidio o a la dictadura. Más bien, tienen miedo a la incertidumbre económica, a la mala atención sanitaria, a la migración, al terrorismo y, cada vez más, al cambio climático. Necesitamos un nuevo relato que responda al anhelo de derechos sociales y económicos y al deseo de que las cosas sean previsibles en una época de rápidos cambios. Necesitamos un relato que no esté tan vinculado a la Segunda Guerra Mundial .

Muchas personas están tratando de tejer este nuevo relato, pero sigue siendo un problema constante. Mi interpretación actual es la siguiente: los derechos humanos garantizan que puedas ser tú, protegen a las personas débiles de las fuertes; son una garantía para evitar que la globalización, los malos gobiernos o las empresas codiciosas nos quiten la red de seguridad sobre la que caminamos. Os animo a todos a que intentéis volver a transmitir el relato de los derechos humanos de forma que sea relevante en vuestro contexto local.

Tenemos que volver a contar este relato y relacionarlo con problemas regionales y mundiales más amplios. En otras palabras, tenemos que traducir los derechos humanos al ámbito local, nacional, regional y universal. En cuanto a la adaptación local de los derechos humanos, nadie lo ha expresado mejor que Eleanor Roosevelt: 

En definitiva, ¿dónde empiezan los derechos humanos universales? En pequeños lugares, cerca de casa; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en ningún mapa. Son el mundo de cada persona: el barrio en el que vive, la escuela o la universidad en la que estudia; la fábrica, la granja o la oficina en la que trabaja. Estos son los lugares en los que cada hombre, mujer y niño buscan justicia, igualdad de oportunidades, dignidad sin discriminación. Si esos derechos no significan nada en estos lugares, tampoco significan nada en ninguna otra parte. Sin una acción ciudadana coordinada para defenderlos en nuestro entorno, nuestra voluntad de progreso en el resto del mundo será en vano.[3]

He tratado de adaptar y traducir al ámbito local los derechos humanos en varios momentos de mi trayectoria profesional. Recuerdo haber organizado un seminario sobre derechos humanos con educadores y educadoras en un pequeño pueblo de Letonia. Hablamos de quiénes eran las personas más vulnerables: las personas jubiladas que viven solas, mujeres y menores víctimas de la violencia doméstica por parte de padres alcohólicos, personas con discapacidades, pero también abordamos motivos de preocupación a escala regional y mundial. Recuerdo cuando fui Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, de 2012 a 2018. Cada semana viajaba a uno de los 47 Estados miembros. En un momento dado, recuerdo que hablé con mi equipo y le pregunté " ¿Y qué pasa con los derechos humanos en Estrasburgo?". Así que visitamos un centro de detención de inmigrantes, nos reunimos con las ONG de la localidad y luego con el prefecto del gobierno local. Visitamos viviendas ocupadas por romaníes en las afueras de la ciudad y un centro municipal. Lo que quiero decir es que es importante que miremos a nuestro alrededor, no sólo a lugares lejanos.

Donde más cómodo me he sentido no ha sido en el ámbito local, nacional o mundial, sino en el regional. Mi trabajo como miembro y presidente de la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia, como Comisario y como director de la Oficina Regional para Europa de Amnistía, dan fe de ello. La verdad es que me aburre un poco trabajar sólo sobre un país, me interesan las tendencias regionales y creo que los mecanismos regionales de derechos humanos pueden funcionar bien. Además, el ámbito regional es abarcable desde el punto de vista del conocimiento y la comprensión del escenario, mientras que el ámbito global me parece un poco abrumador.

Sin embargo, en Europa tenemos una responsabilidad especial a escala mundial: por la historia del colonialismo, por nuestra riqueza, por nuestra interconexión con el resto del mundo a través del cambio climático, la migración y otros procesos. Mis compañeros y compañeras de Amnistía me obligan a mirar más allá de Europa casi todos los días. Cuando me incorporé a Amnistía, mis compañeros y compañeras del Sur global me dijeron que una de mis tareas era continuar con la descolonización de la organización en lo que respecta a la financiación Norte-Sur, la toma de decisiones, etc. Pero la externalización de la migración europea a los países vecinos y el nacionalismo de las vacunas también nos obligan a considerar los efectos de nuestros actos más allá del continente. Nuestra participación en el pasado en Afganistán nos implica en gran medida en los problemas actuales de este país y de su población.

Sin embargo, cuando intentamos trabajar a escala mundial, nos enfrentamos a muchos riesgos, entre ellos el de facilitar la uniformización y reproducir viejos patrones de paternalismo. En un libro sobre la historia de Amnistía, encontré una dura cita atribuida a un activista indio de derechos humanos que le dijo a un alto cargo de Amnistía:

Vosotros, Amnistía, sois el McDonalds de los derechos humanos. Sois la cara de la globalización en materia de derechos humanos. Venís aquí, construís vuestros restaurantes prefabricados, reemplazáis la cocina local y el activismo local.[4]

Sin dejar de ser sensibles a los riesgos, tenemos que universalizar los derechos humanos para que incluyan a todas las personas, porque hay muchas que son ignoradas por la corriente principal. Os animo a preguntaros quién carece de legitimidad en vuestro espacio. ¿A quién es socialmente aceptable discriminar? ¿Acaso a las personas indígenas? ¿A las personas con discapacidades intelectuales y psicosociales? ¿A las minorías étnicas y/o religiosas? ¿A las personas LGBTI?
En el espacio europeo se trata, en primer lugar, de las personas migrantes; de lo contrario, la corriente dominante nunca toleraría la gran cantidad y el carácter violento de las devoluciones en caliente en toda la frontera exterior de la Unión Europea. También son las personas musulmanas, especialmente las mujeres musulmanas, que son la única minoría religiosa que ha sido objeto en numerosas ocasiones de una legislación específica en varios países europeos. Y en muchas partes de Europa son las personas pertenecientes a la etnia romaní, la minoría más marginada y excluida de Europa.

Tenemos que seguir redefiniendo el relato de los derechos humanos. Tenemos que movernos entre los niveles local, regional y global. Tenemos que buscar activamente a quienes son invisibles, a las personas a las que es socialmente aceptable condenar al ostracismo y discriminar. Y tenemos que contraatacar. La Educación en Derechos Humanos es un arma excelente de nuestro arsenal.


[1]Véase, por ejemplo, OACDH. ABC: La enseñanza de los Derechos Humanos – Actividades prácticas para escuelas primarias y secundarias (Naciones Unidas: Nueva York y Ginebra, 2004). https://www.ohchr.org/_layouts/15/WopiFrame.aspx?sourcedoc=/Documents/Publications/ABCChapter1sp.pdf&action=default&DefaultItemOpen=1

[2]Véase, por ejemplo, Rui Gomes, ed., Compass: Manual for Human Rights Education with Young People (Consejo de Europa: Estrasburgo, 2012).

[3]unfoundation.org/blog/post/10-inspiring-eleanor-roosevelt-quotes/.

[4]Stephen Hopgood, Keepers of the Flame: Understanding Amnesty International (Cornell University Press: Ithaca and London, 2006), págs. 174-5.