Ramón Esono charlando con Amnistía Internacional ©AI

Ramón Esono charlando con Amnistía Internacional ©AI

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Ramón Esono, dibujante ecuatoguineano "No soy un héroe: veo cosas que no me molan y lo digo"

Juan Ignacio Cortés, colaborador de Amnistía Internacional,

Ramón Esono era bastante conocido por los aficionados al cómic, pero se hizo internacionalmente famoso tras ser detenido por las autoridades de Guinea Ecuatorial en septiembre de 2017 en relación con un supuesto caso de blanqueo y falsificación de dinero. Desde el principio quedó claro que era un montaje contra el autor del cómic La pesadilla de Obi, un cáustico retrato de la vida bajo el régimen de Teodoro Obiang. La fiscalía retiró los cargos en febrero de 2018 y fue liberado poco después. Tuvimos una conversación apasionante acerca de cómics, Guinea, libertad de expresión, rebeldía y activismo. Lo que sigue es un pálido reflejo de esa charla.

-Wikipedia dice que eres "ilustrador, animador audiovisual, bloguero y autor de historieta". ¿Con cuál de esas definiciones te identificas más?

-Me identifico con cada una de ellas dependiendo de lo que se me quiera preguntar, pero forman parte de un todo. Si tengo que destacar una me quedo con dibujante.

-Recurrir a tantos lenguajes distintos nace de una gran necesidad de expresarse.

-Sí. A mí me educanen la civilización. Te sacan de la selva, te traen a la ciudad y te mandan al colegio. Lo que ahora quierocontar es precisamente lo que pasa en el bosque. Así que me expreso de mil maneras, tantas como formas toma la naturaleza.

-¿Cuándo nace esa necesidad de expresión?

-Mi mamá fue encarcelada durante el régimen de Macías y, como tenía que amamantarme, me encerraron con ella. Esa experiencia hace que mis hermanas me digan que soy carne de cárcel y carne de rebeldía. Además, segúncrezco me doy cuenta de que se me da bien dibujar y de que así puedo expresar lo que pienso.

Ramón Esono dibujando ©AI

-La necesidad de expresión va unida a un sentimiento de rebeldía.

-Mi papá era muy severo y me pegaba por cosas absurdas. En el colegio me pegaban por dibujar. Siempre viví en una atmósfera dictatorial, así que supongo que la rebeldía tiene que ver con eso. No me considero ningún héroe. Soy un tipo que ve cosas que no le molan y lo dice.

-¿Recuerdas cuando hiciste tu primer dibujo?

-No. Guardo un dibujo que hice en un cuadro de mi padre cuando tenía unos seis años, así que dibujo casi desde siempre. Luego descubrí Mortadelo y Filemón y otros tebeos y pensé: "esto es lo que quiero hacer".

-Desde ese primer dibujo, has hecho de todo, tratando los más diversos géneros. ¿Cómo sabes cuándo una idea va para un lado o para otro?

-En mi país no hay una red de instituciones o recursos culturales. Muchos de mis primeros dibujos eran encargos de ONGs. Yo me adaptaba a lo que me pedían y fui desarrollando distintos estilos. Además, seguí leyendo cómics y recibiendo nuevas influencias. Al mismo tiempo, me decía:"no voy a copiar a nadie, tengo que encontrar mi estilo". Sigo buscándolo.

-Un día te juntas con dos amigos ecuatoguineanos y hacéis un cómic que se llama La pesadilla de Obi y eso te cambia la vida.

-Lo que me pasó con La pesadilla es lo que le puede ocurrir a alguien que va contra un dictador y lo ridiculiza en un cómic. Nació para provocar a Obiang y su reacción me llevó a la cárcel.

-Tus amigos no se atrevieron a hacer pública su identidad, pero a ti no te importó. Un poco suicida.

-Bueno, ya te contaba cómo mi rebeldía comenzó muy pronto. Mis colegas Chino y Tenso-tenso no tienen las ventajas de las que yo disfruto por mi familia, grupo étnico o repercusión internacional.

-¿Te definirías como un activista?

-Soy un activista porque hago actividades. Como diría Obiang:"soy dictador porque dicto las normas" (risas). Pero sí, quiero que la gente tome conciencia de algunas cosas.

-Ese activismo te ha llevado a hacer actos poéticamente maravillosos, como escribir cómics con los bocadillos vacíos.

-Un centro cultural en Guinea organizó una exposición de mis dibujos, pero me dijo que había que respetar ciertos límites. Antes de que ellos me censuraran me auto-censuré yo, sin darme cuenta de que esto se convertiría en una denuncia de la falta de libertades del país.

-Cuando estuviste preso mucha gente en todo el mundo pidió tu libertad.

-Fue una locura. Algo que nunca podré terminar de agradecer. Me dio una fama que no busqué, pero que aprovecho para hacer ver las causas por las que yo estuve preso y para decir que el dictador se tiene que ir y que los guineanos tienen que poder contar su historia.

-Black Beach, la cárcel en la que estuviste, tiene fama de ser una de las peores de África, pero tú seguiste dibujando, dando clases a los internos...

-No me callo ni debajo del agua. Los internos vienen a mí para que les dibuje cosas. Entonces, los militares que me habían quitado los bolis empiezan a darme material para que dibuje y a pedirme dibujos. Hicimos un taller espectacular.

-Hemos hablado de tu faceta más activista, pero tú haces muchas cosas. ¿En qué andas ahora?

-Estoy preparando una trilogía de cómics que se llama 218. Es un cómic de ciencia-ficción a la africana, la historia de una sociedad secreta que conoce el origen del cosmos. Intento presentar así mi historia y mi cultura, porque si la cuento de forma realista resulta increíble.